En la última noche
Este es el diario de una historia que empezó sin esperanza, de una historia determinada ya desde antes como nefasta, dolorosa e imperdonable. Quizás no podré perdonarme, quizás no podré recordar nada sin que por los recuerdos se atraviese tal acontecimiento. Hoy he vuelto a sentir la tragedia de mis actos, de mis decisiones. Este diario no es para ser leído, no es para nadie, es sólo él, es sólo lo que puede quedar de la desesperanza con la que hoy nace. Quisiera ir desvaneciéndome en esta escritura, perder el aliento en cada letra, en cada palabra. Es la eterna noche, es la noche que aún no da pistas del amanecer, del despertar. Otro día más sin conocer al sol. Es el tiempo de la noche, es el tiempo de la brusca soledad, de la desgarradora infelicidad. Dónde aparece la muerte, dónde. No se grita, no se emite sonido, no se respira y el corazón pronto deja de latir. Allí nace la literatura, en el extremo donde no queda ninguna razón, donde no habita ya ningún ser, donde no queda más que un delirio, un terremoto. Han quedado las ruinas de lo que soy, debo cruzarlas, pasar por encima de ellas, por encima de mí, de lo poco que queda de uno cuando se ha vivido de esta manera.
Era tarde cuando de mi boca salieron las palabras que abrieron la puerta del infierno, pude quedarme en silencio, pude callar, pude no hacerlo. Pero no, ni siquiera sentía algo, sólo creía en aquellos ojos, pero eran un engaño, eran un espejismo. No era nada más. Pero allí estaba yo, sentada en ese lugar, derrumbando lo más hermoso que he tenido, estaba buscando a un ser que no existió y nunca existirá. Me temo que debo reconocer que el juego me aterraba pero no lo abandoné, aún me cuesta abandonarlo pero quiero arrancarlo, matarlo con mis propias manos, dispararle, una y otra vez. Hasta asegurarme de su muerte. Entrados ya en el embrujo de las palabras, me he dejado llevar por la maldad que estaba encarnada en ese hombre, me pregunto que debo hacer para romper el encanto, matarlo es la única alternativa, o morirme. Se que soy lo suficientemente fuerte para no enloquecer del todo, para gritar para mal decir ese amor, para reconocer la desgracia de las personas, para reconocer lo malditos que somos, el mal que habita en mí.
Vasta ya de lamentos, vasta ya de esto, en este tiempo he sentido la humanidad que uno es, la humanidad que nos persigue, que nos jode. Hoy siento odio, siendo podredumbre, hoy siento …


A dijo
"La hora mas oscura es justamente un instante antes de que salga el sol"
30 Septiembre 2008 | 09:35 PM